Las Anjanas La anjana es el ser bondadoso por excelencia de Cantabria; protege a las gentes honradas, a los enamorados y a quienes se extravían en el bosque o en los caminos. Las anjanas son mujeres de hermoso rostro y atractiva figura. Sus cabellos son largos y finos, adornados con flores y lazos de seda. Se visten con delicadas y bellas túnicas de seda blanca. Llevan un báculo con extraordinarias propiedades mágicas con el que apacigua a las bestias del campo con solo tocarlas; con este báculo se dice que realiza sus magias y curaciones milagrosas. Los Caballucos del Diablo surgen en la mágica noche de San Juan en un estallido de fuego y humo e inundando el silencio de la noche con un bramido infernal que libera la furia de estar contenidos durante un año. Los Caballucos del Diablo portan alas de libélula con las que surcan la noche en busca de los tréboles de cuatro hojas.
El Culebre es un misterioso dragón que las leyendas sitúan en una cueva en los acantilados de San Vicente de la Barquera. Está emparentado con los grandes dragones de otras tierras. Como estos, tiene una sola cabeza y una enorme boca con terribles dientes por la que expulsa fuego y azufre. Sus ojos tienen el color de ascuas ardientes. Todo su cuerpo está cubierto de escamas y en su espalda posee unas pequeñas alas de murciélago que le permiten volar. Enanucos bigaristas Solitarios enanos que habitan en las toberas de los árboles en los densos bosques cántabros. Su nombre proviene de que saben tocar el bígaro, instrumento de viento musical similar a una concha de mar, con cientos de notas diferentes, cosa que no saben hacer ni los más viejos hombres de mar. Se dedican a ayudar a la gente necesitada, dándoles consejos y presagios con sensatez, ya que conocen y entienden los problemas de los hombres.
Nuberos Los Nuberos son los genios traviesos y maliciosos que montados en nubes grises se divierten provocando tormentas con la intención de asustar con sus rayos a los animales y destruir con el granizo las cosechas de los hombres. on pequeños, de cara maliciosa y aspecto obeso. Siempre aparecen montados en sus nubes que ellos mismos crean y desde ellas controlan el granizo, el rayo y la lluvia. Crean sus nubes gracias a un poder especial que tienen y no les son necesarios componentes para realizarlo. También pueden invocar rayos a voluntad, y no dudarán en utilizarlos como armas si son atacados o molestados. Ojáncana La ojáncana también llamada "la novia del ojáncano" por las pérfidas maldades que tiene con él en común, es una gran criatura humanoide y de terribles rasgos físicos: carichata y macrocéfala, adornada con greñas. Con enormes y retorcidos dientes que surgen de su sobresaliente labio inferior y con una piel escamosa y agrietada. Pero la más caracteristica deformidad es el gran tamaño de sus pechos que caen alargados como bolsas y que puede cargarlos a la espalda, acto que suele realizar cuando caza, está enfadada o huye.
Ojáncano Los ojáncanos son quizás las criaturas más malvadas que habitan en Cantabria. El ojáncano se alegra de los males de los hombres y disfruta con la destrucción de sus cosas. Su aspecto es tan terrible como su conducta. Su rostro es redondo de color amarillento y con unas largas barbas de color rojizo. Los cabellos son también de color rojo pero menos intenso. Tiene un solo ojo en mitad de la frente en el que se dice se vislumbra su odio y maldad. Este ojo brilla por la noche como si estuviera al rojo. Se cuenta también que tiene un tiene un pelo blanco entre sus espesas barbas; este es el punto debil del ojáncano ya que si se le arranca este pelo, muere inmediatamente. La Osa de Andara de la mitología cántabra, es una mujer-osa (una mujer con apariencia de osa, o una osa con aspecto de mujer). Su rostro era el de una mujer madura, cuando se enfada bizquea; tiene unas manos enormes de color oscuro, es brava y forzuda, pero rara vez demuestra su agresividad. Su cuerpo está cubierto por un traje viejo y vulgar, los cabellos son largos y de color oscuro, sus brazos y piernas están cubiertos del mismo pelo que tienen los osos. Desaparece con la llegada de las nieves, pero vuelve a aparecer con el buen tiempo para reanudar sus fechorías.
Tentirujo Duende malicioso de orejas puntiagudas, manos largas y piel parduzca de ropajes rojizos y boina en la cabeza. Se dedica a pervertir a las muchachas solitarias mediante caricias que realiza mientras se encuentra invisible con la ayuda de una planta joven de mandrágora que, siempre que realiza sus fechorías, lleva en la mano. Las muchachas que han pasado por esa singular experiencia cambian de conducta pasando de ser solitarias a volverse alegres y apasionadas. Se cree que el tentirujo puede tener cierta relación con la diablesa de la lujuria Masabakes y que es ella quien le indica el lugar donde debe actuar ayudándole a transportarse hasta allí. Trentis Duendes de la mitología cántabra cubiertos de hojas, musgo y raíces. Tienen un comportamiento exageradamente bromista, siendo el típico duende malicioso y pícaro. Gustan de esconderse entre arbustos y matorrales con la intención de sorprender a las muchachas jóvenes para poder tirarlas de las faldas. Acostrumbran a dormir en los árboles durante el verano mientras que durante el invierno duermen en las torcas.
Los ventolines son al contrario que los nuberos, unos genios benévolos y simpáticos con cara de ángel y grandes alas de color verde; sus ojos son tan blancos como la espuma de las olas.
La principal diferencia con los nuberos es que los ventolines se encargan de ayudar a las personas y muy especialmente a los pescadores viejos incapaces de remar o a aquellos que se encuentran en peligro en el mar.Cuando un pescador está cansado bajan de las nubes de la puesta de sol, su supuesto lugar de origen, y soplando provocan una suave brisa que lleva sin peligro las barcas a la orilla. También les ayudan protegiéndolos del frío con sus alas o ayudando a cargar los peces en su barca.
Trasgus Son duendecillos que habitan bosques y que se dedican a hacer trastadas y burlas a los humanos, sobre todo a sarrujanes y mozas. Son muy pequeños, con cara negra y ojos verdes, pícaros y burlones.... y, como han de pasar desapercibidos sus ropajes son tunicas de hojas de castaño y verde musgo.Quien oye su voz burlona y cínica cuando bajan de los montes siempre ha de acabar sufriendo travesuras tales como que le escondan la leche, el quesu y otros alimentos.
La Sirenuca era una joven y bella muchacha cántabra. La leyenda dice que, desobedeciendo a su madre, solía mariscar en los acantilados más peligrosos de Castro-Urdiales, para cantar al compás de las olas del mar. La madre cansada de esta situación, preocupada por lo que a su hija le pudiera suceder, llegó a maldecirla: ¡Así permita el Dios del Cielo que te vuelvas pez! Esta hermosa castreña se vio convertida en una mujer con larga y brillante cola de pez. La tradición dice que aún hoy en día la joven muchacha deja oír su canción a los navegantes perdidos entre la bruma y de esta manera les avisa que se acercan a los acantilados. El hombre pez Nació en Liérganes a mediados del siglo XVII el matrimonio formado por Francisco de la Vega y María de Casar, y hasta los 16 años fue un chico normal. Entonces la víspera del día de San Juan del año 1674, se fue a nadar con unos amigos y desaparece en las aguas y se convierte en hombre pez, siendo atrapado mucho tiempo después por unos pescadores en alta mar.


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